jueves, 5 de marzo de 2015

El incómodo problema de estar cómodo

Reflexiones sobre sexualidad

Foto: ?
Vía: Sicalipsis
Hace poco Google anunció, para mi espanto, que impondría candados firmes a los blogs alojados en Blogger que contuvieran material "explícito para adultos". Por "explícito" y "para adultos" el lector debe entender la exhibición de cualquier parte de cuerpo que no cubra un traje de baño occidental. Luego Google se desdijo y ahora todos respiramos contentos. Entre tanto, he leído cualquier cantidad de noticias que hablan de las orgías sexuales de algún exfuncionario del FMI, otras tantas que vituperan o alaban a un programa que exhibirá (difuminadas) a parejas reales teniendo sexo real en pantallas reales de televisión reality, y, por supuesto, la tragedia del tipo que mató a su novia por estar imitando la pueril pornografía para soccer moms que tan de moda se puso en el cine. En fin, que todo documento transmitido por las redes de la internet parece tener un matiz de "coger es bueno, saludable y deseable pero... jijiji, dijo coger."

     Qué infinitamente complicado es, para los grupos sociales definir una postura frente al placer erótico  o frente al cuerpo y mantenerse congruentes en ella. Tantito más para acá se llama difusión científica, educación sexual o arte de lo sensual pero no le muevas mucho porque ya es para escandalizarse o, al menos para considerarlo muy porno y de muy mal gusto. La cosa no pasaría de darme mucha risa y sumarse a mi catálogo de absurdidades humanas a no ser porque creo que hay consecuencias pragmáticas evidentes en esta necesidad civil de tratar lo sexual con un constante doble discurso.

      En el juego de mostrar para vender y ocultar para no regalar, el ingrediente clave está en lo que se oculta. No hay nada de terrible en lo mostrado. Lo que se ve no se juzga, dicen las abuelas, y frente a lo evidente, sólo el poder de decidir gobierna nuestro consumo y aficiones. Pero al mostrar, incomodamos y para no hacerlo nos obligamos a esconder. Después, la tapa de lo oculto se convierte en el significante de lo mostrado y, a su vez, hay que imponer otra capa. Un ejemplo léxico sencillo es el siguiente. No decimos "pene" porque es feo hablar de ello, pero como es "cool" hablar de penes, pues le ponemos un eufemismo y ya. Decimos, entonces, "pito" o algo así, para esconder nuestro "pene". "Pito" que era una linda y mostrable palabra, se hace, a fuerza de uso, vulgar y bochornosa y nos vemos obligados a trocarla por "pilín" y el "pilín" hay que cubrirlo después con "tilín". Al final, lo que se guarda tras capas y capas de vocablos bien puede ser un simple y ordinario "pene".  Pero el punto es que, mientras más nos forzamos a ocultar lo inocultable, más permitimos que, a la sombra, se cultiven otras cosas con las que no queremos encontrarnos. La decisión de toparnos con ellas, o no, ya no está normada por  nuestro libre albedrío, sino por la casualidad. Movernos entre lo oculto es como manejar sin limpiadores y bajo la lluvia, es peligroso. Y yo creo que el sexo no tendría por qué ser peligroso nunca.

    Entre las noticias que, decía, me he estado topando está la reiterada nota sobre un celebérrimo local swinger en Buenos Aires que fue cerrado recientemente por tráfico de personas. Mientras que a un civil alejado del medio SW la anécdota podría parecerle lógica, quienes la vemos desde el estilo de vida no dejamos de encontrarla, al menos, muy extraña. ¿Qué tiene que ver el tráfico de personas con el intercambio de parejas? Absolutamente nada, pero se trata de dos mundos que, por razones completamente diferentes, están forzados a la clandestinidad y entre las sombras es muy difícil distinguir matices. A mí, por ejemplo, me entristece mucho saber que en México faltan milenios para que sea posible abrir un local liberal con instalaciones de muy primer nivel, algo así como el Fun4two  de los holandeses. No es que no haya mercado, es que todos los empresarios del ramo viven, para su desgracia y la nuestra, con la espada de Damocles en la cabeza. ¿Quién en su sano juicio se lanzaría a invertir en regaderas, jacuzzis, saunas, pistas multicolores de baile, jardines y vestidores megalómanos, sabiendo que, aunque operen un negocio perfectamente legal, están condenados a vivir la margen de la ley? ¿Quién arriesga su capital en un local fijo cuando sabe que, eventualmente, el acoso de las autoridades delegacionales o municipales los obligará a cambiar de sede? Lo terrible es que tal acoso no tiene ninguna base jurídica. Nada hay en las legislaciones mexicanas que evite que la gente folle como quiera, donde quiera y con quien quiera siempre y cuando las actividades se realicen con el consentimiento de los adultos involucrados y nadie esté siendo explotado. Y sin embargo...

      Lo que mueve a un inspector delegacional, o a una junta de vecinos quejosos, o al policía en turno a revisar una y otra vez cualquier lugar swinger, está mucho más afincado en nuestra idiosincrasia pueril que cualquier ley. Cuando éramos niños, nos producía infinito placer hacer escarnio de una pareja de inocentes noviecitos de primaria. Nos burlábamos de ellos hasta el cansancio, porque intuíamos que en el protoamor que se profesaban había algo que nosotros deseábamos, y por lo tanto, algo que necesitaba ser censurado. Lo mismo hacen los adultos con las conductas sexuales de los demás. La dualidad, quiero-prohibo o la triada quiero-no_entiedo-condeno, está tan incrustada en la genética social, que lo alternativo, en materia de sexo, está destinado a ser siempre underground, mientras que el sexo mainstream, ese que se propaga como incendio en los medios de comunicación masiva es glorificado por todos como un síntoma de la sociedad liberada. Es cool hablar de porno, es atrevido confesar infidelidades, se ve bien tener uno o dos amigos gays, y ahora, por supuesto, ser una chica dispuesta a recibir un par de nalgadas en la cama está muy en onda, pero cualquier actividad que salga, aunque sea un poco, del patrón diseñado por la tele gringa, es mejor mantenerla en secreto.

     Así pues, el sexo, por ser sexo es rico y, por ser rico, incomoda profundamente al ser humano.

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miércoles, 18 de febrero de 2015

Delisexy: Más alternativas de lectura sw

Uno de los nombres más célebres del mundillo swinger mexicano es MiauMiau. Esto, no sólo se debe a que ella es extraordinariamente atractiva y que ambos son notorios por su hiperactividad dentro del medio. Son también inteligentes, creativos, y con suficiente mundo andado como para hacer conversaciones largas e interesantes. Nosotros sólo los vimos una vez, y fue un poco de pisa y corre, pero desde hace mucho que hemos estado vinculados en twitter y este blog les debe incontables gomiseos.

     Todo este preámbulo es para compartir con los lectores de Jardín de Adultos que recién descubrí que MiauMiau tiene, desde hace ya un buen rato, una publicación dedicada a la vida swinger, y a otros aspectos del erotismo que se llama Delisexy. Es una lectura muy recomendable y versátil, lo mismo tiene consejos que opiniones, lo mismo habla de temas gay que del ambiente fetish

    A mí, lo que me da más gusto es saber que quien busca información sobre la escena sexual mexicana, cada vez tiene más opciones confiables dónde consultar. También me da gusto ver que en un período relativamente breve, las sórdidas publicaciones pelinalgales dedicadas a hablar sobre el mundo sw, fueron desapareciendo y en su lugar florecen artículos serios, que sin pretender la academia, respetan el nivel educativo del lector. ¡Bien por los MiauMiau!


Blog de orientación erótica y swinger

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miércoles, 11 de febrero de 2015

¡Hay casorio, señoritas y señores!

Tendremos boda swinger

Como si no hubiéramos estado ya lo suficientemente casados, y como si nuestras aventuras juntos no bastaran para encumbrarnos como la más cursi de las parejas que no son cursis, decidimos que era tiempo de contraer nupcias y, finalmente celebrar el himeneo. Así que ahora, cuando digamos que estamos casados, lo estaremos con todas las de la ley. Entendido queda, que tampoco es que seamos gente de muchas leyes pero una, al menos, sí tenemos: somos harto promiscuos. 
Nos atrevimos, entonces, a pedirle a los señores Pistache, que nos hicieran la caridad de dejarnos matrimoniar en su hotel, y puesto que, al menos un poco, nos han de querer, dijeron que sí y hasta prometieron lucirse con la cena. Yo no sé cómo vaya hacer tal cosa, porque la cena de ese lugar es siempre una delicia. ¿Quienes vienen? Amigos cercanos (en más de un sentido) y aquellos que tengan a bien, por coincidencia (casual o no), haber reservado en el mágico ricón de Alpuyeca para ese, tan especial finde. 
Esperamos que la boda sea muy swinger. Los señores Pistache oficiarán el ritual más o menos religioso y en la pachanga no habrá tías graves que nos malmiren por portarnos mal. Supongo que eso de besar a la novia terminará por ser más colectivo que lo usual.  Lo único que me preocupa es cómo será lidiar con la familia lejana cuando pregunte ¿Dónde están las fotos de la boda?

En fin, que este post es sólo para darle gracias mayúsculas al Pistache, por ser uno de los sitios más importantes en la vida de este blog, de nuestra vida, y por ser, además, grandes amigos.

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lunes, 2 de febrero de 2015

Posibles Valentines


Detesto el 14 de febrero casi tanto como la Navidad. Odio el tráfico en la Ciudad. Odio que no haya forma de encontrar un motel. Odio que los restaurantes estén a reventar y lo que más odio es que, aún las parejas más liberadas de convencionalismos, terminamos, de una o de otra forma, cayendo en la vorágine de corazones de terciopelo que sirven para engalanar con almíbar el, aparentemente, sórdido acto de fornicar hasta perder el sentido.

 

¿Qué vamos a hacer para San Valentín? Posiblemente nada, posiblemente me refugiaré en mis refunfuños en medida tal que, incluso, habrá que proscribir el contacto físico. Pero como esas decisiones no se toman sino entre dos, más me vale ir previendo escenarios. No sea que a la Mariana le de por ponerse consumista este año y me condicione la celebración de mi cumpleaños. Cierto, es poco probable, pero uno nunca sabe.

 

El problema ahora es que hablar del tema en este blog es peligroso porque, de todas todas todas, suena a publireportaje a la manera de "100 alternativas atrevidas para condimentar tu día del amor", y aunque el blog tiene muchos amigos en la industria del sexo con imaginación, el hecho es que no tenemos patrocinador alguno, así que tampoco vale tanto la pena el quemón. Sin embargo, la fecha dicta el consumo y si voy a planear algo, no hay salida: la cosa, aunque sincera, tendrá facha de anuncio y siguiendo el consejo de los interioristas que, en lugar de ocultar los tubos de drenaje los pintan de colores llamativos, tendré que descararme por completo con este post y enlistar las opciones que habrá disponibles para nosotros en el mercado. Así pues, prepárense todos para las...

6 opciones Swinger para el Día de los Enamorados

 

1.- Encerrón antivalentino con otras parejas de mente similar.

 

En tal caso, evítese a toda costa peregrinar por hoteles de paso tipo Love Hotels. Si no es con reservaciones previas, seguramente no encontrarán ni una triste cama. Mejor será buscar swingers de confianza y reunirse en casa. Sería padre, entonces, hacer todo lo no se espera en estas fechas: nada de rojo ni de rosa, nada de ositos de peluche. Sólo puro y duro fornicio gótico, y si la cosa lo demanda, tal vez decorar con calabazas o Rodolfoselreno o cualquier elemento semiótico que grite a los cuatro vientos: "Hoy no es día del amor y la amistad".

 

2.- Rezar para que Xcape Party organice un Valentín.

 

Aún no confirmamos que vaya a ocurrir tal, pero los años en los que estos muchachos convocan a sus célebres fiestas del 14 de febrero vale la pena sacudirme lo hostil. Esas fiestas son la onda. Las arman en un conocido hotel de la Zona Rosa y, seamos sinceros, nada dice mejor: "Te Amo" que un gran playroom rebosante de personas a medio vestir en rojo y blanco. Así pues, de algo podremos estar seguros, si la hacen este año, nosotros ahí estaremos.

 

3.- El estreno mundial de Aerolibido

 

Habíamos dicho en otro post que la compañía que se dedicará a cumplir las fantasías de todo aquél que guste follar en un aeroplano, iniciará vuelos, precisamente el 14 de febrero. Tal vez, sea una buena excusa celebrar a cupido haciéndole justicia poética. Lleva a tu pareja a un paseo por las nubes, literalmente.

 

4.- Celebrar por la noche en un bar SW

 

La identidad de algunas cedes es un tanto compleja de entender. El caso es que hay un bar en Satélite que los viernes alberga a nuestro club preferido (Libido) y los sábados a PassionSW, a quien no tenemos aún el gusto de conocer. Sin embargo, lo que sí conocemos es a sus dueños, quienes nos caen a las mil maravillas y a quienes les hemos prometido, sin cumplirles, un millón de veces que iremos a su Passion. Bueno, pues ellos harán una fiesta de 14 de febrero, a la cual, sabemos de buena fuente, le están poniendo mucho amor (juego de palabras intencional). Así que suena como una buena idea aprovechar la fecha para ir a darle el remojón a su lugar.



5.- Negociar con Mariana un take over swinger con fecha valor.

 

Tal vez logre convencer a mi mujer que el 14 de febrero no tiene porqué celebrarse precisamente en 14 de febrero. De ser así, el plan es reservar para el take over que LLV está preparando para octubre en Puerto Vallarta y esperar hasta entonces para darle mucho, pero mucho vuelo a la hilacha. La vez pasada sólo pudimos estar tres días, y les sacamos muchísimo provecho. Éste año, los organizadores están poniendo a punto un tipo viaje con todas las características con las que más nos gusta swinguear: Playa hermosa, servicios hoteleros de primera línea, muchísisimas parejas anglosajonas para variar nuestro cotidiano consumo nacional, fiestas con la mejor producción que hemos visto en el medio sw, comida, bebida, relax, todo incluído y la propuesta de travesuras concatenadas hasta el infinito.

 

6.- ¡Pistache! ¡Pistache! ¡Pistache!

 

Hablamos tanto del El Pistache, que ya hasta parece que somos accionistas. Pero es que, de verdad, no existe en México una opción más amigable para el swinging o, simplemente para el naturismo que esta delicia turística en Morelos. No daré muchos detalles aquí, porque hay otros artículos en los que hemos descrito bien el concepto de este hotel boutique exclusivo para parejas. Pero, San Valentín o no, ésta debe ser una opción obligada para aventureros en busca de un fin de semana con giro travieso a lo romántico. Lo que hace al Pistache un lugar óptimo para esta clase de escapadas es su versatilidad. Es posible encontrar a otras parejas de mente abierta para jugar, pero también es posible pasar un descansado fin de semana en medio de un clima espectacular y un servicio extraordinario. Muy bueno, muy bonito, nada barato... pero vale cada centavo.

 

 

Ahora, no queda sino esperar a que la señora decida por cual de los planes nos decantamos. O, tal vez, por dos o tres.

 

 

 

 

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viernes, 30 de enero de 2015

Cita para cuatro

Instantáneas de nuestra vida erótica

masturbar mujeresLe dije a Mariana "Te quie-ro". Lo dije sólo con los labios y articulando mucho para que me entendiera sin necesidad de escucharme. No emití sonidos. Dije "Te-quie-ro" muda y lentamente. Ella sólo interpretó las vocales. E. E. O. Entendió "El ne-gro" y tuvo que hacer una contorsión difícil para estirarse y darme el vibrador negro que estaba sobre la mesa de noche. Ahora yo tenía en la mano un artículo al que le encontraba poca utilidad. El negro en cuestión tiene un vibración considerable, y según entiendo, muy placentera, pero la Condesa y yo habíamos ya  pasado por ahí, y ahora, mientras la penetraba desde atrás, ella complementaba con la casi profesional estimulación del Hitachi. Así que el tal negro sólo sirvió para darme un aspecto de rey de bastos y la mirada perdida del oso de las caricaturas que no sabe qué hacer con el cartucho de dinamita que tiene entre las manos.

     Mariana alcanzó a reirse un poco de lo que pudo leer del equívoco, pero no fue hasta el día siguiente que le conté de mi declaración de amor que soltó la carcajada. ¿Quién la culparía? Apesar de estar, en el momento, muy cerca de mí, su mente estaba nublada por los malos tactos de el Conde, que ahora parece niño con juguete nuevo desde que aprendió la forma de hacer eyacular a mi mujer. La noche anterior, en Libido, el Conde, impunemente metió el dedo entre sus piernas y halló la fórmula mágica para producir un inagotable manantial. Como esa misma noche se olvidaron de poner toallas en lo playrooms, gastamos medio rollo de servitoallas de papel en disimular la hazaña. No era de extrañarse que, ahora, el Conde quisiera seguir experimentando, y que mi Mariana lo dejara hacer y deshacer a su antojo.

      Entre tanto, La Condesa fue una joya de esas que no se encuentran con frecuencia. Si los mejores encuentros sexuales se tienen con desconocidos, por el valor agregado de la novedad, o con conocidos porque la comunicación y la integración son mejores, es un caso más bien, irrelevante. Podemos casi aceptar que con los Condes estamos en algo así como una etapa de luna de miel. Los vemos poco, y cuando los vemos todo va muy bien. Ella me dejó jugar con los vibradores, estos encuentros ya están más poblados de juguetes que una noche en la Macstore, y a mí eso de buscar aplicaciones tecnológicas sobre sus terminaciones nerviosas, me encanta. Explorar los recovecos de una mujer que emite sonidos en todas las escalas es de esos placeres que están negados a los espíritus menos sensibles, y desde que los cuatro nos encontramos junkies de los juguetes, las posibilidades son infintitas. Besar y tocar, es una suerte de objetivo de vida. Abrir senderos a fuerza de mano y boca entre las piernas de alguien dispuesta a elevar los límites de sus propios límites excede la definición de placer, combina satisfacciones sensoriales y racionales, en modos que no logro mezclar en otros aspectos de la vida. Supongo que es un impacto que otros sienten escalando montañas o bajando ríos turbulentos en balsas inflables, o componiendo sinfonías. Para mí es en el sexo de mujeres como ella. Irreprochables, podría decirse.


     Por una triste cadena de eventos desafortunados, que terminaron en final feliz (varios finales felices, si se desea caer en el lugar común), el plan organizado para muchas parejas en un espectacular cuarto de motel ubicado a varias leguas de nuestro hogar, concluyó con ellos y nosotros en una sexy habitación de motel en la casi esquina de nuestra casa. Confieso que yo estaba nervioso. De todas las veces que hemos salido con ellos, nunca hemos estado completamente solos los cuatro. Esta vez, se trató de una date con todas las de la ley. Amanecieron en nuestra casa, desayunamos, salimos a ver tiendas de ropa piruja, nos invitaron a comer y conseguimos un cuarto que ocupamos hasta que el hambre nos hizo salir a buscar la cena. Una cita como esas no la tenía desde que, en la universidad, Mariana y yo empezábamos a coquetearnos. 

     El mundo de las citas con amigos es peculiar. Durante el día, la vibra es relajada y sin presiones. Nadie quiere quedar bien con nadie. Es, hasta ese momento, una reunión de camaradas sin la incomodidad pretensa de los encuentros entre dos personas que quieren acabar en la habitación. Las parejas que salen con otras parejas, sin intentar hacer intercambios, deben experimentar una tranquilidad parecida. Pero hay algo de kinky en el ambiente. Al final, los cuatro sabemos que terminaremos el día en pelotas y que no hay nada que queramos hacer para remediarlo. Entonces, a la cita de los civiles, se le puede sumar el valor agregado de las insinuaciones, la desfachatez con que la Condesa se prueba ropa en extremo reveladora y nosotros, sin connotar la acción en demasía, sólo disfrutamos del momento con la certeza del que sabe que, en pocas horas, estará metido en ese escote. Hablar en la comida es de lo más sencillo. Ya no hay temas imprudentes ni comentarios inapropiados. El Conde, por ejemplo, tiene este juego en el que dice adivinar la hora tocando los senos de las mujeres.  Los únicos incómodos con el chiste son los meseros.

     Sin embargo, la noche conserva el nerviosismo de las aventuras. Los cuatro estamos en el mismo espacio y sabemos para qué. Lo que no sabemos es el cómo. Quizá ahí está la principal diferencia entre la vida sexual de los matrimonios tradicionales, y la nuestra. Iniciar un ritual de cortejo con alguien distinto a la pareja habitual requiere volver a poner los sentidos a punto, abrir los canales de la percepción, para leer, en ese cuerpo no tan conocido,  las señales que se activan de manera única. Algunas veces, la cosa va mal y la magia no ocurre, otras veces todo fluye a las mil maravillas, pero siempre es nuevo. Siempre hay una apuesta sobre la mesa que aumenta las endorfinas, las adrenalinas, las oxitocinas y todas esas cosas que se disparan en el cuerpo para hacernos sentir como chavales. 

    El sábado, Mariana y yo ganamos esa apuesta. Supongo que también los Condes, porque a la mañana siguiente cuando nos despedimos, ellos se veían contentos. 

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miércoles, 21 de enero de 2015

Swinging y feminismo

Opiniones sobre los swingers

¿Ser swinger equivale a ser feminista o es más bien, al contrario, una forma más de machismo disfrazado?

Dividir la materia en dos partes. El mundo del deber ser y el mundo del casi siempre es. Para los swingers que consideramos nuestra práctica como parte de una existencia liberal, social-demócrata opinaría Michel Houellebecq, el territorio SW es una manifestación inequívoca de pensamiento feminista. Habría que asumir, primero, que la expresión libre de la sexualidad es un derecho que, tradicionalmente, ha sido negado a las mujeres. Ejemplos sobran: la necesidad occidental de ocultar los senos, el doble estándar tras las palabras "puta" y "puto", la sobrevaluación del himen y otras tantas que han sido descritas millones de veces en millones de artículos. En ese sentido, el club swinger es, o debe ser, el espacio natural para recuperar ese derecho. Aquí, quien lleva minifalda no está ofreciéndose, quien besa no está obligada a cumplir, quien manifiesta sus gustos y preferencias puede hacerlo sin esperar consecuencias y lo más importante: quien folla no queda estigmatizada.

     Se trata pues, de una práctica que sirve de excepción a los supuestos sociales, y que brinda una salida al doble discurso de la comunidad. Es decir, mientras el discurso oficial nos dice que hombres y mujeres tenemos el mismo valor frente a la sexualidad, la vida cotidiana nos sigue dando muestras de lo contrario. Los comentarios más misóginos y mordaces sobre la libertad sexual de una chica, siempre los he escuchado en boca de otra.  El mundo liberal se constituye pues como una especie de heterotopía (la palabrota es de Foucault y se refiere a los espacios que la sociedad ha destinado para resguardarse de sus propias normas). La prioridad de los mejores lugares para swingers es proveer un entorno seguro para las mujeres. Quizá habrá quien opine aquí que esto parte de la premisa, especialmente condescendiente, de que una mujer requiere ser protegida, y por lo tanto, provista de espacios seguros, la misma crítica contra los vagones exclusivos en el metro.  Mi opinión, en ese sentido, tal vez esté sesgada, tomando en cuenta que yo soy hombre, pero creo que considerar que las condiciones entre dos grupos no son las mismas, y que por tal motivo, es necesario compensar a quien se encuentra en desventaja es el principio de la equidad. Que todos deberíamos trabajar para conseguir que la sociedad en su conjunto garantice el derecho femenino a la libre expresión de su sexualidad, lo creo firmemente, pero ya que tal cosa aún no ocurre, vale la pena valorar aquellos lugares que sí lo hacen. 

     Las reglas de conducta swinger inclinan la balanza hacia el beneficio de lo femenino. El célebre "No" significa "No" contiene un evidente subtexto: Señor, si ya le dijeron que no puede agarrar la chichi, no agarre la chichi". Por supuesto, que lo contrario también ocurre, pero en tan pocas ocasiones, que sería una necedad considerarlo de tal modo. La pregunta es entonces: ¿las normas SW son una respuesta "liberal" a una sociedad especialmente misógina? Yo no estaría tan seguro, porque ¿en qué medida se garantiza la comodidad femenina como un medio para garantizar la satisfacción masculina? 

     Históricamente hablando, nos queda claro, que no hay nada de feminista en la práctica de "intercambiar esposas", y sí mucho de objetivación de la mujer. Sin embargo, no todo es origen, el movimiento swinger se fue modificando, y su ideología, también ha cambiado conforme el universo que lo contiene ha evolucionado. Basándome únicamente en la observación me atrevo a asegurar que la actitud en cuanto al rol de la mujer dentro del mundo swinger es diferente según la generación a la pertenezcan las parejas. Aquí viene a colación la idea del mundo del deber ser y el mundo del casi siempre ocurre. La misma norma se puede aplicar de idéntica forma por razones ideológicas completamente opuestas. Una mujer puede involucrarse en actividades de sexo grupal como forma de satisfacer su deseo o respondiendo al deseo de su pareja. Vestirse de manera provocativa puede resultar de sus ganas de ser sexy o de la presión de su marido por hacerla más deseable a otros y por lo tanto aumentar su posibilidad de intercambio.  Es difícil medirlo, pero se puede ver a simple vista.

     Es importante, creo, desarrollar el mundo swinger como un reino de lo femenino sin que eso vaya en detrimento de la libertad masculina. Eso lo constuiría como una verdadera heterotopía de la equidad sexual. ¿Cómo lograr, pues, el balance? Pienso que la clave está en entender que TODOS tenemos derecho a hacer lo que queramos y a no hacer lo que no queramos. Se traduce en asumir que la frase "No significa no" también considera el "no" que me dice mi pareja, y que por lo tanto, también soy responsable del "no" que digo yo mismo. Está muy embebido en nuestra cultura que lo educado es decir que no para que el interlocutor insista, o decir "al ratito" para evitar negarse de tajo y dañar los sentimientos de la gente. Sin embargo, una sociedad que respeta la voluntad de sus individuos, no puede dar cabida a mensajes polisémicos. "No" significa "no", pero también "Sí" significa "sí". Si el espacio me da la oportunidad de vestirme de una forma en la que usualmente no lo haría, y yo quiero hacerlo, mi obligación es hacerlo sin esperar que alguien venga a convencerme, porque determinar mis acciones según las solicitudes del otro es, de alguna manera, violar su derecho a respetar mi propia voluntad.


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