La semana pasada volvimos a El Real y finalmente conocimos sus nuevas instalaciones. Ahora tiene más cara de antro y no sé si eso sea bueno o sea malo. Pero llegamos tarde y cansados de la carretera así que nos sentamos en un rincón de la barra a recuperar las fuerzas. Mariana traía minifalda, pero el frío le había dejado puesto el suéter del camino. Brandy y mojito nos acompañaron a reencontrarnos. La luz le caía bien sobre la cara. Los banquitos altos me parecen sensuales porque invitan a jugar con las piernas, y por otro lado, nadie en el lugar hablaba con nosotros, de hecho creo que nadie nos vio entrar siquiera.
Seguimos así un rato, recuperando la semana perdida entre horas de trabajo. Mariana comenzó a jugar con el cierre del sueter, hasta liberar por completo el escote con el que yo había estado pensando desde que salimos de la Ciudad. Fue fácil, cuando la conversación se acabó subimos al cuarto de los juegos, donde, mientras acomodábamos mi ropa en uno de los lockers, alguien nos ganó la cama del rincón, la de los aislados, la del los que no juegan bien con otros, pero no importó.
El espacio del nuevo Real es muy grande. Quedamos en una cama espaciosa que estaba pegada a otra donde otros dos, también se reencontraban. Mariana fue una Diosa. Me dejó acostado de espaldas y se paró sobre la cama, con una pierna a cada uno de mis lados. Bailaba con el rítmo de la música de fondo y de los gemidos de los demás que hacían un linda escenografía. Me tocaba, me atendía, me malcriaba sexualmente y a nuestro alrededor otras parejas también se volvían a descubrir.
Mariana sobre mí, Mariana abajo de mí, Mariana frente a mí, y Mariana que no ha dejado en tantos años de estar adentro y afuera de mí. Ella terminó, como siempre, varias veces y con indiscretos decibeles. Yo, como a ella le gusta, dentro, dentro, dentro.
Esta vez, decidimos no quedarnos en Cholula, yo estaba suficientemente estimulado como para regresar manejando a casa, y así fue.


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About Diego (siempre con su Mariana)

Diego y Mariana se conocieron hace un suspiro de dos décadas. Se quedaron juntos y aprendieron, a la buena y a la mala, las mil maneras de construir una relación. Pronto se dieron cuenta de que el sexo era el más emocionante laberinto y decidieron navegar sus rincones en pareja. Empezaron a escribir lo que les sucedía, sólo porque parecía lógico. Se sentía divertido y así descubrieron que la participación de los demás ayudaba a que las sensaciones estallaran con mejor algarabía. Les gusta jugar con otros. Les gusta follar con otros y les gusta que otros vengan a visitar su Jardín, lo exploren y se vuelvan, al leerlo, compañeros de aventuras.

Aleatorias del pasado