3 instantáneas previas al orgasmo

I


     Salí del baño y la encontré tendida sobre la cama. Los ojos cerrados y la boca tocando la lengua de otro hombre. Entre sus piernas abiertas, una mujer desnuda la besaba. Quise detener la escena. Abstraerme un rato largo y simplemente mirar, pero lo hipnótico del movimiento me atraía como el vacío. Era una limpia imagen de líneas húmedas que convergían en ellas. Me hubiera gustado desprenderme de mí para poder seguir atento a mi paulatino tránsito hacia el remolino remolino de pieles. A una maraña de ese tipo ¿se llega con la boca? ¿con los dedos? 
¿Te has preguntado cómo afecta tu presencia al mundo? Quien ha estado en una orgía sabe que cada una de sus acciones es una moneda al aire que dicta los pasos de una coreografía inconclusa. Cada caricia o cada omisión es una vuelta de tuerca en la trama de una historia que carece por completo de estructura. ¿Y si me siento y los miro..? La curva que hacía la cadera de la mujer me parecía una razón de peso para incorporarme, el gemido tenue y ascendente de Mariana, un motivo para seguir jugando mi papel de espía. En una guerra como ésta, ninguna decisión es la correcta.

II


     Besar tres punto cero. No sé porqué se me ocurrió la frase tonta en un momento en el que el pensamiento debería detenerse por completo. Tampoco sé por qué no se detiene. Pero ahí estaba mi lengua abrazando las lenguas cálidas de dos mujeres, y mis dedos, sosteniendo a una por el cuello y a otra por las nalgas, buscaban las ubicaciones más sensibles para extraer esos temblores dulces que certifican la eficiencia de un trabajo bien hecho. ¿Por qué no se apaga el cerebro? Si pudiera elegir una fantasía entre todas, sería dejarme ir entre el mar de manos, de bocas,  de sonidos cálidos, de luces y sombras. No me fue dado. Aquí estoy pensando en la nuca, en el nacimiento de cabello, en el muslo o en la recién descubierta isla de humedad. No es reproche.  Me gusta ser un hedonista racional; descubrir una lista de adjetivos impertinentes mientras mi dedo navega cauteloso hacia el interior de una de las dos mujeres que no han dejado de dividir entre tres el espacio de su beso. Templado, dúctil, amistoso, terso, regado, absorto, acogedor, carnívoro, atrayente, lento, convulso, pasmoso, regalado, misterioso...

III


     Es un espejo clandestino que ocurre a la vista de todos. Nadie lo nota porque no es relevante. Mariana está frente a mí. Ya no recordaba la sensación de acariciar un pubis sin deforestar. Es una sensación agradable porque es extraña. Mariana está suficientemente lejos de mi alcance, pero suficientemente cerca como para que pueda captar cada uno de sus gestos. La mujer que está sentada sentada en mis piernas tiene un trasero compacto y firme. Mariana se balancea, el subibaja de sus pechos es casi imperceptible, pero el nivel del agua la delata. Sonríe. Es una Mariana social que departe con amigos. La que está de mi lado no pone límite alguno al recorrido de mis manos, y a mis esporádicos besos, pero se distrae fácilmente. Luego regresa a mí y sonríe. No se si leer su alegría como una disculpa o como un feliz regreso. Tal vez, simplemente esté feliz.  Puedo adivinar lo que Mariana siente, un miembro en crecimiento se coloca con soltura entre sus nalgas. Conozco bien la mueca que la delata. Le gusta jugar a ser invadida. A mí me gusta jugar a pasar los labios sobre la piel de otras mujeres. Esos besos se convierten pronto en golpes de luz sobre todo el cuerpo. Descubro un gemido ahogado en Mariana. Nadie más lo ve. Sólo yo sé, que el hombre que está detrás de ella, la toca por dentro. Sólo yo sé, que la mujer que está sobre mi, ha dejado que sus piernas se abran para mis deseos.

Fotografía Erótica de Manuel Laval
Manuel Laval





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About Diego (siempre con su Mariana)

Diego y Mariana se conocieron hace un suspiro de dos décadas. Se quedaron juntos y aprendieron, a la buena y a la mala, las mil maneras de construir una relación. Pronto se dieron cuenta de que el sexo era el más emocionante laberinto y decidieron navegar sus rincones en pareja. Empezaron a escribir lo que les sucedía, sólo porque parecía lógico. Se sentía divertido y así descubrieron que la participación de los demás ayudaba a que las sensaciones estallaran con mejor algarabía. Les gusta jugar con otros. Les gusta follar con otros y les gusta que otros vengan a visitar su Jardín, lo exploren y se vuelvan, al leerlo, compañeros de aventuras.

Aleatorias del pasado