Take Over de Libido en El Pistache

Foto: Laura Visigalli
El Pistache es una especie de congreso informal de gente padre y encuerada. Es un lugar donde, en pelotas y bajo el sol, uno puede platicar de casi cualquier tema con directores de cine, divas de la pantalla, millonarios de la internet, autores publicados, constructores o responsbles de masivas aglomeraciones musicales en el Zócalo y científicos de altos vuelos. Nunca he estado en el Colegio Nacional, pero creo que si fuera una institución menos snob, seguramente se parecería a una sobremesa en Alpuyeca. Eso, la alta probabilidad de que en el Colegio Nacional la gente no tiene tan buen sexo.



La última vez que estuvimos ahí se debió a que fuimos convocados por Libido (no nuestra líbido, sino Libido, el célebre club septentrional y citadino). Ocurrió que al llamado acudieron también otras varias personas que pusieron en orden las piezas de un fin de semana emocionalmente muy lucrativo. A saber:

Llegaron, por ejemplo, los @MiauMiauSW, una pareja a la que ya nadie tiene que presentar porque son más que famosos en nuestro ambiente. Con ellos, básicamente, se conversa, porque hay mucho que decirse; como si se topara uno con un viejo amigo que comparte códigos y origen, pero que fuera a la vez un desconocido con muchísimas anécdotas nuevas. Con ellos se habla de sexo, de drogas y de música variada... de cine, de viajes, de la onda cuckold, y de internet. Se habla con ellos de todo, pues. Y mientras se habla de todo, se le mira y se le remira a ella que es muy hermosa.

Descubrimos a los Medicis e hicimos entre nosotros , sin decirnos nada, el pacto de no dejarlos salir vivos de ahí. No respetamos el pacto, por supuesto, al menos no durante ese fin de semana. Él es muy el tipo de Mariana. Ella es muy mi tipo. Por lo tanto, estábamos en el más ganar-ganar de los escenarios ganadores. Para colmo de males, los dos son simpáticos. Los monopolizamos, eso sí, pero eso fue lo más que nos permitieron nuestras más avanzadas técnicas de ligue. ¿Dije alguna vez que somos unos terribles conquistadores? Pues lo somos, pero estamos trabajando duramente en dejar de serlo. Ya habría ocasión después para remediar nuestra negligencia.

La Miss y su marido se habían mantenido un tanto alejados, al menos de nosotros. De cualquier manera, yo no pude evitar que mi corazón moviera la cola cuando la vi. A ellos los habíamos conocido también en el Pistache a finales del año pasado y desde entonces no los habíamos vuelto a ver, pero aquélla fue una sesión de cinco estrellas y mi boca y manos la recordaban bien. Esta vez, nos dijimos pocas cosas durante el día, como si, secretamente, supiéramos que no había necesidad de hacerlo; brazos y piel tenían planes propios que llevarían a cabo independientemente de nuestros protocolos. La noche fue extraña, casi todo el mundo conversaba fuera del jacuzzi y dentro de él dos parejas se convertían en una bestia marina de cuatro espaldas. Cerca de ellos, relajados por el agua caliente y lo avanzado de la noche, estaban la Miss y su marido. Entré en el agua solo. Mariana había preferido quedarse con el grupo que, en la sala anexa, pasaba las horas entre trago y risa. Una forma de hipnósis me llevó hacia ese cuerpo cuya memoria tenía tan fresca. Besos, primero uno. Luego besos. Muchos. Una cascada de besos que, en su torrente, arrastraba caricias, manos que tienen boletos all vip, lenguas para las que, pronto, la boca deja de ser conquista suficiente. El recuerdo no estaba errado, hay personas que caben a la perfección en el deseo de otras. La hice venir con la boca, le di las buenas noches y salí a reunirme con los que platicaban. Creo que el tema era súperpoderes. A favor o en contra. Desarrolle. Habría pasado media hora. Volví a tener sed. Regresé al agua y a esa piel, a esas formas tan de la talla de mis caricias. Idéntica partida a la anterior, la misma apertura, las mismas celadas, los mismos gambitos, el mismo mate a la dama. Buenas noches y como diría mi tío: ojalá que volvamos a vernos.



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About Diego (siempre con su Mariana)

Diego y Mariana se conocieron hace un suspiro de dos décadas. Se quedaron juntos y aprendieron, a la buena y a la mala, las mil maneras de construir una relación. Pronto se dieron cuenta de que el sexo era el más emocionante laberinto y decidieron navegar sus rincones en pareja. Empezaron a escribir lo que les sucedía, sólo porque parecía lógico. Se sentía divertido y así descubrieron que la participación de los demás ayudaba a que las sensaciones estallaran con mejor algarabía. Les gusta jugar con otros. Les gusta follar con otros y les gusta que otros vengan a visitar su Jardín, lo exploren y se vuelvan, al leerlo, compañeros de aventuras.

Aleatorias del pasado