Opiniones sobre nuestra vida swinger


Esa es la pregunta.
¿Será más libertino en la pareja
gozar piel y sudor de los extraños
o rodearse de amigos y con ellos
abandonarse al sexo? Tocar, besar;
otra vez, y en el delirio saberse
un entrañable de esa carne envuelta
en sacudidas de la cama, deseo
más que común: follar, follar muy bien.
Follar, tal vez soñar, ahí está quid.
Ya que la almohada asidua, quién sabe qué
punzante ensoñación pueda inducirnos.
Hay que pensar. Es esa la razón
que hace a algunos rehusar las reincidencias,
¿Quién no quiere en el centro de una orgía,
develar la saliva de lo nuevo,
el sabor de la insólita caricia,
las máscaras del clímax, y la lengua
extranjera a la lengua de su bocas,
si en ello se subrayan los aromas
de la sabida cena que hay en casa?
Pero ¿quién, sin negar la desmesura,
no anhela un cigarrillo en contubernio,
el apego mental, el dúo entre pares,
los convenios lascivos en pandillas
que un civil, ni en sus sueños más febriles,
se atreviera a pactar con sus secuaces?
La libre decisión del libertino
podrá deberse a escrúpulos morales,
a preferencia erótica, a lugares,
a momentos de antojo pertinente,
sin dejar, por su origen, de tener
el nombre de aventura.
Share on Google Plus

About Diego (siempre con su Mariana)

Diego y Mariana se conocieron hace un suspiro de dos décadas. Se quedaron juntos y aprendieron, a la buena y a la mala, las mil maneras de construir una relación. Pronto se dieron cuenta de que el sexo era el más emocionante laberinto y decidieron navegar sus rincones en pareja. Empezaron a escribir lo que les sucedía, sólo porque parecía lógico. Se sentía divertido y así descubrieron que la participación de los demás ayudaba a que las sensaciones estallaran con mejor algarabía. Les gusta jugar con otros. Les gusta follar con otros y les gusta que otros vengan a visitar su Jardín, lo exploren y se vuelvan, al leerlo, compañeros de aventuras.

Aleatorias del pasado