Nochebuena en un club de parejas

Debería yo hacerme caso y no ir a conocer un sitio de esos en una fecha de esas. De todas maneras no había mucha alternativa. El plan original era ir al Rooftop Resort, del que no teníamos expectativas muy altas, pedir un cuarto para la noche y ver qué nos deparaba la suerte. Pero cuando llegamos nos topamos con una fortaleza; la recepción del hotel había cerrado a las 5:00 de la tarde, por aquello de ser 24, y aunque se escuchaba fiesta en el interior, no hubo formade hacer que alguien nos abriera o cuando menos nos dijera qué podríamos hacer para franquear las puertas. Intentamos llamar por teléfono pero nadie contestó. El estacionamiento estaba vacío, lo cual nos dio, luz sobre lo que estaría ocurriendo en el interior. Así que tampoco sufrimos ninguna desilusión devastadora. Fracasada la primera misión, manejamos 40 minutos más hacia el norte para buscar un sitio llamado Deenie's Hideaway del que nada sabíamos más que lo que aparecía en su página web.

Foto: Yelp


       Éramos un par de sudorosos después de un día de compras, por eso la idea de pasar la navidad en algún lugar con instalaciones de hotel, no parecía tan mala. Lo primero que necesitábamos era una regadera y un sitio dónde acicalarnos. Mariana durmió en el trayecto, pero se despertó justo a tiempo para descubrir que el Deenie's estaba cerrado y apagado, un panorama mucho más desolador que el de Rooftop. Nos quedaba tomar una hora más de camino hacia el sur, volver a Miami a casa de nuestro amigo y anfitrión, ducharnos y esperar que hubiera algo divertido en el Velvet

     No había. Ese día estaba cerrado, pero el Trapeze estaba abierto. A favor, era la última opción. En contra, estaba hasta Fort Lauderdale y esa noche habíamos peinado ya suficientes veces la I95, tantas, que temía que los radares de velocidad me conocieran por mi nombre. Así fue como optamos por adelantar nuestra visita al Trap, y en lugar de ir en viernes fuimos en jueves con la idea de que no habría demasiado por encontrar. ¿Qué clase de persona pasa el 24 de diciembre en un club swinger? Sólo gente como nosotros, y estábamos seguros de que no hay muchos como nosotros, por lo tanto sabíamos que iba a estar casi vacío. No ayudaba tampoco, el hecho de que los jueves admiten hombres solos, pero en fin. Había que conocer uno de los sitios más icónicos del lifestyle norteamericano, y era eso o irse a la cama temprano.

     Cuanto llegamos al Trapeze, lo que más nos llamó la atención fue toparnos con un sitio perfectamente anunciado en medio de uno de estos conjuntos de locales comerciales que tienen el estacionamiento al frente. Nada clandestino. Nada que nos hiciera dudar de haber llegado al lugar correcto. Así, un letrero enorme como los que dicen Wallgreen's o, como era el caso en local de a lado, Liquor Store. La mayor parte de los clubes en los Estados Unidos no venden alcohol, pero está autorizado a servirlo. La política de BYOB está muy difundida porque trae consigo la ventaja del precio y, sobre todo, mantiene a los inspectores fuera de las instalaciones. Por eso, tenía sentido que la licorería siguiera abierta para proveer a los recién llegados.  El auto se queda en el valet parking gratuito.
Foto: Trapeze
   Entramos sin que la recepción nos diera una impresión muy cordial. El hombre que estaba tras un mostrador nos preguntó si teníamos membresía, y puesto que no la teníamos nos invitó a registrarnos en unas computadoras con pantalla táctil algo mal calibradas. Registro y cuota de membresía. El total fue de 80 dólares incluyendo los 40 de la entrada, y la tranquilizante promesa de que nuestra inscripción nos serviría durante dos meses. Sólo íbamos a estar de viaje cuatro días más, pero en fin. Reglas son reglas.  El lugar no estaba vacío, pero tampoco abarrotado. Más singles, de los que a Mariana le hubiera gustado, pero mucho menos de los que yo me temía. El espacio del bar no es grande, es suficiente, tiene una pista en el centro, butacas en los extremos y en un rincón una mesa que sirve para degustar el buffet que se brinda por cortesía de la casa. No lo probamos. Pero tomamos un café; tendría que confesar que tanto bajar y subir en auto por el largo brazo de la península, ya empezaba a cobrar la factura en mi nivel energético. 

     Nos sentamos no lejos del bar, frente a la pista, y dando la espalda a una ventana enorme. Al acercarse al vidrio, es posible ver una sala en la que la gente en penumbras está desnuda y teniendo sexo, una especie de acuario erótico del que sólo se tiene un atisbo suficiente para calentar un poco la sangre.

     Cerca de nosotros, había una pareja que nos gustó. Como era de esperarse, no nos les acercamos, pero al terminar el café decidimos iniciar nuestra incursión al playroom. Como en otros lugares del al norte del Bravo, la regla es que a las zonas de juegos se entra en toalla o desnudos. Para eso hay un vestidor con casilleros. Una chica amable asigna el locker, lo abre, y una vez que el usuario se ha despojado de ropa y otros accesorios, lo cierra. Después cruzamos unas puertas de cristal esmerilado para toparnos con otro bar, sólo que en éste la gente estaba en toalla. Un hombre de traje negro con toda la pinta de personal de seguridad guardaba celoso el pasillo que se abría hacia la derecha. Tomamos primero la ruta de la izquierda. Una sala enorme, cuartos privados y semiprivados, un columpio sexual en un rincón y entre todo eso, como plancton suspendido, un nutrido grupo de hombres esperando que alguna pareja se acercara, o los invitara, o hiciera algo. 

     Cambiamos de escenario y tomamos el pasillo de la derecha. Una zona algo más grande que la anterior, pero ésta exclusiva para parejas. No había muchas, sin embargo. No sé que tiene la gente que ha sido bendecida por un clima cálido que le encanta congelar sus espacios interiores con el aire acondicionado a temperaturas escandalosamente glaciares. La Florida no es excepción, pero el playroom del Trapeze, cumple la regla con excepcional cabalidad. Deber ser el tercer lugar más frío del mundo, especialmente en una noche en la que no hay tantas parejas produciendo calores que compensen. Nuestra elección de rincón de juegos tuvo más que ver con esto y, aunque es cierto que a mi me llamaba la atención dar espectáculo en la pecera con vista al bar, la decisión de meternos ahí estuvo más influida por evitar la hipotermia.

Foto: Trapeze
      Apenas entramos se empezó a vaciar, así que estuvimos un buen rato a solas. Los parroquianos del otro lado del cristal se tuvieron que conformar con ver a dos fantasmas en mitosis, porque Mariana se rehusó a prescindir del precario abrigo que le daba la toalla y bajo su cobijo nos manoseamos y besuqueamos un rato. Ya empezábamos a entrar en calor cuando se aproximó otra pareja. Pensé que la agresión con la que se él aproximaba iba a poner a Mariana en guardia, pero no fue así. Mientras la penetraba desde atrás ella se dejó tocar y extendió sus manos para tocar a su vez. Fue un encuentro breve en el que descubrimos la delicada piel de ella, un cuerpo bien formado y un rostro de curiosa impavidez. Él, en cambio, era inquieto, de movimientos erráticos que me parecieron causados por una inconformidad interna. Daba la impresión de que nada en el entorno lo satisfacía y de que tal insatisfacción lo angustiaba. La relativa violencia con la que trataba a mi mujer, y que ella se dejara llevar para tomar de la experiencia el placer que ésta podría brindarle, me condujo al último nivel de excitación que necesitaba para poderme subir con comodidad al barco del gozo.

     Poco tiempo después se fueron y nos dejaron solos en el acuario. Ya no había toallas, ni fantasmas, ni mitosis. Sólo ella y yo follando como lo hacemos cuando nos gusta follar. Pendientes, un poco, de las miradas que se detenían, pero mucho más pendientes uno del otro. Nos sentíamos, nos dábamos, nos gustábamos y nos divertíamos.

     Luego nos fuimos y decidimos que era poco probable que quisiéramos regresar. 



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About Diego (siempre con su Mariana)

Diego y Mariana se conocieron hace un suspiro de dos décadas. Se quedaron juntos y aprendieron, a la buena y a la mala, las mil maneras de construir una relación. Pronto se dieron cuenta de que el sexo era el más emocionante laberinto y decidieron navegar sus rincones en pareja. Empezaron a escribir lo que les sucedía, sólo porque parecía lógico. Se sentía divertido y así descubrieron que la participación de los demás ayudaba a que las sensaciones estallaran con mejor algarabía. Les gusta jugar con otros. Les gusta follar con otros y les gusta que otros vengan a visitar su Jardín, lo exploren y se vuelvan, al leerlo, compañeros de aventuras.

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