estimulador clitórico penguin, relatos eróticos

-Relato erótico: Satisfyer Pro Penguin Clitoral Vibrator-

Escritor invitado: Arturo L.

“¿Qué tal?¿Mejor que el otro?” le pregunté tras recostarme a su lado después de una larga sesión con nuestro nuevo amigo, cuya especialidad -de acuerdo con su página en internet- era enfocarse en el clítoris, sí, sólo en el clítoris, para eventualmente desatar una horda de orgasmos a los que ninguna mujer se podría resistir. 

     Con una descripción así fue difícil resistirse, es decir, a quién no le gusta escuchar gemir a su pareja, verla morderse los labios y retorcerse sin control sobre la cama. 

     Antes de continuar, debo confesar que no encuentro algo más excitante que poderla contemplar en ese momento de éxtasis, aquel en el que el placer se apropia de su cuerpo y de su mente, en el que sus ojos sólo transmiten lujuria cuando no están en blanco y en el que sus labios, cuando no están sobre mi verga, profesan palabras y deseos que asustarían al mismo demonio. 

     Tras leer un poco más sobre nuestro amiguito y buscar reseñas en línea, nos decidimos por sus servicios. Un par de meses después llegó el día, su presentación era impecable.

     Fer, mi novia, estaba muy entusiasmada por nuestro nuevo compañero de cama pues las experiencias anteriores habían resultado siempre maravillosas tanto para ella, como para mi. 

      Llegamos al Hotel Pirámides Narvarte, tenemos la tradición de acudir mensualmente para darnos una buena cogida, pues además de salir de la rutina, puedes hacer uso de algunas amenidades como el jacuzzi o simplemente, lo que considero más importante, agarrarnos sin que nos importe si cae semen sobre la almohada o si el vino se vertió sobre la duela de la habitación, puedes hacer y deshacer a tu antojo.

     Siguiendo la tradición forjamos un churro de marihuana, destapamos una botella y nos metimos a la tina, nuestro amiguito nos esperaba sobre la cama listo para ser usado. No se si fue el calor del agua, los componentes químicos del alcohol en nuestra sangre, el humo de la mota o las ansías de algo nuevo lo que nos puso más calientes de costumbre, pues generalmente el sexo empieza hasta que salimos del agua relajados y pachipedos.

      Ya en la tina, Fer deslizó su mano hasta mi pene, que ya la esperaba despierto y firme. Me susurró al oido que deseaba que la viera con el nuevo integrante de nuestra basta colección, me pidió que la dejara jugar mientras yo me tocaba en el jacuzzi a 3 metros de distancia de su cuerpo, incluso, sujetando mi pene con fuerza, exigió que no interfiriera hasta que ella me lo solicitara. Accedí, cómo decirle que no a la fiera en la que se convierte una vez que se desnuda.

       Salió del agua y pude ver su culo, su espalda, sus chamorros, esos que tantas veces he mordido. Terminó de secarse y me regaló una mirada de complicidad justo antes de acostarse y tomar nuestra nueva adquisición con una mano, la otra ya estaba ocupada en su vulva.

       Se acomodó de forma estratégica a la orilla de la cama, ella podía contemplarse en el espejo mientras yo tenía una vista panorámica de su sexo expuesto, completamente abierto para recibir una “horda de orgasmos”, como prometían blogs y sitios de internet en los que investigamos sobre nuestro nuevo juguetito.

       Una vez encendido lo llevó a su clítoris. A diferencia de los anteriores, este juguete no vibra o penetra, succiona, sí succiona el clítoris con distinta intensidad, la ventaja es que tiene hasta 10 patrones diferentes: desde muy suave hasta uno totalmente intenso. 

      Me veía y se veía frente al espejo, me preguntaba si quería que me chupara, me daba igual, el placer de verla gozar ya me era suficiente. Se detuvo y abrió completamente la puerta del cuarto, al volver a la esquina con Penguin (el nombre oficial de nuestro amiguito) me pidió que me acercara para mamarme.

      Así Penguin comenzó a entregar los resultados prometidos, Fer se sacó la verga de la boca y gritó como pocas veces la había visto gritar, su mano apretaba y masturbaba mi pene de forma intermitente, interrumpida por los espasmos del primer orgasmo. Algo que me encanta de ella es que no tiene llenadera, por lo que me pidió que le pasara el dildo (como ya habrá imaginado querido lector, Fer y yo tenemos una valija llena de juguetes, cuerdas, condones y lo que encontremos para ponerle sabor al sexo).

      Tomé el dildo, lo llené de lubricante, en realidad era innecesario pues la vagina de Fer escurría como pocas veces, sólo la había sentido así en Nueva York cuando cogimos con la ventana abierta y con un publico de 5 transeúntes que desde abajo se masturbaban y nos tomaban fotos, pero esa es otra historia. Total, ese pene de plástico que simula ser de verdad se delizó entre sus labios con suma facilidad, Fer llevó nuevamente a nuestro amiguito a su clítoris y mi verga a su boca. Ella volvió a terminar, yo casi.

       Tras del segundo orgasmo se recostó me pidió que ahora fuera yo quien manipulara a Penguin mientras la penetraba, sus deseos fueron ordenes y comencé a embestirla poco a poco, en tanto Fer se llevaba el dildo, que minutos antes la penetraba, a la boca y así yo la cogía, Penguin estimulaba su botón del placer y ella chupaba con los ojos cerrados, imaginando que aquello que tenía entre los labios también era real.  

      Debo ser honesto, aunque placentero y efectivo, el juguetito es complejo de manipular pues entre el movimiento regular del sexo es fácil que Penguin se separe del clítoris, por lo que es necesario pausar y reacomodarlo, en realidad ésta sería la principal falla de nuestro amigo.

      Sin embargo, con todo y esas “dificultades” Fer volvió a terminar un par de ocasiones en las que gritaba, se retorcía, mamaba y pedía más y más, creo que Penguin la llevó a un sitio de placer donde pocas veces había llegado. 

      La escena me hizo terminar, me pidió que lo hiciera en sus tetas mientras el chico nuevo hacía su última misión de la noche, Fer se reincorporó, se sentó de nuevo en la orilla de la cama mientras yo de pie explotaba en sus tetas y su clítoris por quinta ocasión de placer.

      Nos acostamos y le pregunté: “¿Qué tal? ¿Mejor que el otro?”. -Tenemos que volver a ponerlos a prueba, respondió…


Estimulador clitórico Penguin pro satisfyier

¿Como funciona?

  • El Penguin se carga a través de un puerto USB, como fuente de poder y se conecta de manera inalámbrica al dispositivo, similar al Apple Watch.
  • La duración de la batería es amplia pues es recomendable no utilizarlo por más de 15 minutos, por lo que una sola carga nos ha servido para un mes.
  • Está disponible en color rosado y su cuerpo es de plástico, una ventaja es el tamaño pues cabe en la palma de la mano sin problemas a diferencia de vibradores como el Wand.
  • Es a prueba de agua e incluso es sumergible por lo que las visitas al jacuzzi o la alberca pueden ser aún más divertidas.
  • Una desventaja es que como todo buen juguete sexual es que es ruidoso,  suena y suena recio (así también funciona).
  • Lo recomendamos para el juego previo y en control de la afortunada, el más mínimo movimiento lo separa del clítoris y esto puede apagar la llama.
  • Lo compramos en eBay a un precio promedio de 1,200 con envío, eso sí tomó un par de meses su llegada.


Jani Markus Miikkulainen


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About Diego (siempre con su Mariana)

Diego y Mariana se conocieron hace un suspiro de dos décadas. Se quedaron juntos y aprendieron, a la buena y a la mala, las mil maneras de construir una relación. Pronto se dieron cuenta de que el sexo era el más emocionante laberinto y decidieron navegar sus rincones en pareja. Empezaron a escribir lo que les sucedía, sólo porque parecía lógico. Se sentía divertido y así descubrieron que la participación de los demás ayudaba a que las sensaciones estallaran con mejor algarabía. Les gusta jugar con otros. Les gusta follar con otros y les gusta que otros vengan a visitar su Jardín, lo exploren y se vuelvan, al leerlo, compañeros de aventuras.

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