Cuando se pierde Mariana

Me sorprende de Mariana su habilidad para no protagonizar historias. Yo la miro irse entre las miradas de los tres asistentes que quedábamos en la fiesta. Daniela acababa de llegar de Cambridge y nos reunimos para celebrarlo. Ahora quedaba ella, nosotros y otro amigo al que Daniela quería llevarse de souvenir a su cama por esa noche. Mariana, en cambio, no escuchaba nada que no fuera la música, no prestaba atención a nada que no fuera el ipod. Era imposible no verla, levantándose cada cuanto cambiar la canción y acomodándose los jeans para tapar la tanga que me guiñaba el ojo y me hacía querer correr a casa con ella y con la tanga en los brazos. Mariana, en cambio, no sabía lo que ocurría. Daniela intentó seducirla para seducir con ello al otro amigo, al que Daniela quería llevare de souvenir a su cama por esa noche. Mariana accedió a bailar con ella una salsa y el resultado fue el esperado. De todas formas, Mariana no besó a Daniela, ni siquiera la tocó. Su mente estaba perdida en la música, y la mía en la tanga negra que me guiñaba el ojo y me hacía querer correr a casa con ella y con la tanga en los brazos.

Etiquetas: